Y esta noche, Copa

Otra competición y otro equipo. Manuel Preciado renueva de cabo a rabo el once inicial respecto al encuentro liguero de anteayer frente al Espanyol. El técnico sportinguista aseguró, tras el último entrenamiento antes del encuentro copero de esta tarde en El Molinón, que «aún tengo alguna duda. Mi idea es que jueguen todos, pero resulta complejo».

En principio, para recibir al Recreativo en la vuelta de los dieciseisavos de final podría alinear un equipo totalmente diferente al que tumbó el domingo a los 'periquitos', desde la portería a la punta. Cuéllar defendería los tres palos en sustitución de Juan Pablo, que por otro lado se está recuperando de unas molestias digestivas, mientras que Barral, que ante el Espanyol cumplió su partido de sanción por acumulación de tarjetas, volvería a la posición más avanzada como relevo de Bilic, que ayer viajó a Croacia para cumplir con la internacionalidad.

Las principales novedades en la convocatoria son la ausencia de Canella, que se queda fuera por decisión técnica (mañana se incorporará con Botía a la concentración de la selección española sub 21) y la llegada de dos jugadores del filial, Alain y Guillermo, que además llegan frescos, ya que no jugaron con el Sporting B el encuentro del domingo ante el Guadalajara.

Guillermo se mostraba ayer abrumado por la llamada de Preciado. «Es la mejor noticia que he tenido desde que juego al fútbol. Sólo con ir citado para mí es muy importante. Desde que empiezas a jugar al fútbol sueñas con un momento así», manifestó el mediapunta murciano, que afirma que «si dispongo de unos minutos de juego daré el máximo».

Por su parte, Alain aseguró que la convocatoria «ha sido una sorpresa. El entrenador nos avisó para que entrenásemos con el primer equipo y estamos contentísimos y con muchas ganas». El defensa gijonés se muestra optimista respecto al partido de esta noche: «Veo bien la eliminatoria. El Recre tiene un buen equipo, pero creo que pasaremos».

Con más veteranía ve las cosas Kike Mateo, que advierte que ante el conjunto andaluz «partimos con una muy ligera ventaja. Desde el primer minuto tenemos que presionar para que no pasen del centro del campo. No debemos confiarnos». El mediapunta se muestra satisfecho con las opciones de disputar minutos que le ofrece la competición copera. «Los que no jugamos habitualmente no somos inferiores a los que lo hacen, las diferencias entre titulares y reservas son mínimas. Sabemos lo difícil que está entrar en el equipo y cinco minutos que ten para jugar son oro», afirma el murciano, que anteayer saltó al campo en el tramo final ante el Espanyol y generó dos ocasiones de gol.

Manuel Preciado también admite que el Sporting parte con «una pequeña ventaja por haber marcado fuera», aunque no descarta nada (el entrenamiento de ayer concluyó con el lanzamiento de penaltis). Anima a la afición para que acuda al estadio a pesar del día y la hora: «Que la gente se haga un buen bocata de calamares y se acerque a ver al equipo, porque jueguen los que jueguen no se merecen ver El Molinón vacío».

El Recre, con Javi Fuego

En el Recreativo se prevé que actúe como titular el ex sportinguista Javi Fuego. El canterano Miguelito, que debutó con la primera plantilla en el partido de ida, entró en la lista de convocados debido a la lesión del portugués Candeias, que sufrió una rotura fibrilar en el entrenamiento de ayer, lo que le mantendrá de baja tres semanas. El parte de lesionados se completa con los defensas Magnus Troest y Peña, así como el centrocampista Carmona.

Pese al resultado de 1-1 en el partido de Huelva, el Recreativo confía en sus opciones. Los andaluces, que disfrutaron de una jornada más de recuperación al haber disputado su partido de Segunda el sábado, ante la Real Sociedad en Anoeta (1-0), viajarán en el día, con un vuelo chárter que llegará a Asturias a mediodía.

Suma y sigue

Hubo que sufrir para ganar. El Espanyol, con el que estaba pendiente una especie de revancha por el varapalo de la temporada pasada, volvió a repetir un buen nivel de juego, pero la diferencia estuvo en la efectividad. Bilic madrugó para dar trabajo al marcador y los barceloneses amagaron con poca contundencia.

El partido comenzó bajo un fuerte aguacero y con una salida en tromba de los gijoneses, que tenían hambre de balón. Una combinación entre Canella y Diego Castro fue el primer aviso que acabó en córner y en la estrategia ensayada llegó el tanto de Bilic.

El encuentro parecía encauzado. Sin embargo, el Sporting empezó a ceder terreno y casi a rehusar al control del balón. El Espanyol, bien conducido por Verdú, recuperaba una y otra vez el esférico, lo que convertía el desarrollo del encuentro en un guión repetido. A los rojiblancos, el balón les quemaba y el nerviosismo era excesivo.

El conjunto catalán se plantaba en el campo gijonés, aunque las llegadas de verdad fueron pocas. Callejón, en un pase magistral de Verdú, se las vio con Juan Pablo. Luego fue Moisés quien lanzó al larguero un buen centro de Callejón, poco antes de que el ex madridista tuviera la más clara, sólo ante Juan Pablo, pero sin capacidad para la definición, ante una salida de listo del portero rojiblanco.

Tardó algo Preciado en ordenar a Rivera que obstaculizara más a Verdú, bien respaldado por Moisés, para evitar que los espanyolistas se movieran con tanta comodidad.

Sin embargo, ofensivamente, el conjunto de Pochettino parecía algo descentrado, con demasiados movimientos posicionales, tal vez para intentar sorprender a la defensa gijonesa, que ayer mantuvo un notable tono en todos los aspectos. Callejón tenía frecuentes caídas a las bandas, aunque su misión estaba más en el eje del ataque, zona en la que Iván Alonso trataba de entrar desde atrás.

La lesión de Marqués provocó un cambio en el equipo visitante, para modificar algo el dispositivo. La entrada de Iván de la Peña provocó que Verdú adelantara su posición y Callejón se escorara más a la banda, con Luis García más al centro, aunque sin posiciones demasiado fijas. El cántabro dio una tremenda movilidad, pero sin que sus inicios llegaran a algún tipo de finalización. Los rojiblancos tenían gana de que Undiano los mandara al descanso para cortarle el ritmo a un rival superior. En el segundo tiempo se mantuvo el guión, pero el dominio no fue tan insistente. El Espanyol empezó a acusar el esfuerzo realizado en un terreno algo pesado y el Sporting trató de aguantar más el balón, aunque lo que sí consiguió es que el rival no tuviera tanta llegada y que se perdiera en imprecisiones.

Pérdidas de balón

Hubo más contraataques en los gijoneses, pero el problema era la excesiva facilidad para perder el balón y la carencia de capacidad para aprovechar el último pase.

Pochettino dio entrada al japonés Nakamura, que tiene un enorme arranque mediático en su país. Allá donde va, le acompaña un nutrido grupo de periodistas del país del sol naciente. El extremo nipón parece que tiene una indisciplina táctica que al Sporting le vino bien, porque, además, se retiró Verdú, que era uno de los que más problemas de toque de balón creaba en las filas gijonesas.

Pochettino hizo numerosos experimentos para buscar alguna descompensación en la zaga gijonesa, con Callejón en la banda, Nakamura por la izquierda, por la derecha y hasta por el centro. Incluso tuvo momentos en los que parecía lateral derecho, lejos del insuperable Canella. Por la zona de Lora también había otro muro que el madrileño tenía bien construido. Por el centro, todos los intentos aéreos tenían superioridad y anticipación en Botía y Gregory, aunque no faltaron despistes en dejadas de balón que sembraron nerviosismo en las filas locales. Menos mal que el Espanyol tenía mal el punto de mira, hasta acabar todo en Juan Pablo, que fue uno de los mejores.

El conjunto de Preciado utilizó el contraataque cuando pudo, pero sin conclusiones. Faltaban apoyos, pese a que el desgaste era extraordinario.

El técnico gijonés buscó refresco con la entrada de Carmelo, a quien ubicó en la banda, cuando De las Cuevas estaba agotado. El cambio más esperado era la entrada de Diego Camacho, para imponer más contención. Lo hizo por Matabuena. Luego llegó la entrada de Kike Mateo, quien salió revolucionado y hasta pudo solventar el partido. El murciano, con una participación raquítica, quiere aprovechar cualquier segundo para dejarse notar. Ayer lo logró en sólo nueve minutos abundantes.

En los compases finales, la presión y el control fue del Espanyol, pero las llegadas y los disparos pertenecieron a los rojiblancos, excesivamente precipitados a la hora de ver puerta, por ansiedad para redondear la victoria. Por méritos, el Espanyol mereció más, pero la falta de puntería también se paga. El Sporting no tuvo una buena tarde, pero ganar jugando mal también es posible.

El conjunto gijonés rentabilizó el gol tempranero de Bilic, aunque seguro que Preciado sacó conclusiones para corregir demasiadas situaciones anómalas. Lo mejor fue el triunfo y verse en la clasificación con 16 puntos, aunque para llegar aquí hubo que sufrir en exceso, más por errores propios que por las virtudes de un buen rival.

Duelo de optimistas

Cómo han cambiado las cosas. En la 32.ª jornada de la temporada pasada, un Espanyol que agonizaba en la zona de descenso vencía por 0-3 en El Molinón y se colocaba a un solo punto del Sporting, que marcaba la estrecha línea de la salvación. Medio año más tarde, los mismos equipos vuelven a verse las caras en tierras gijonesas con unas sensaciones bien diferentes. Ambos comenzaron la temporada con la ilusión renovada del que sufre hasta lograr su objetivo. Una ilusión que se traduce en los dos casos en un juego alegre y optimista, generoso con el espectador. Despacito y con buena letra, no han tardado en situarse en una cómoda posición en la tabla, observando los puestos de descenso desde la lejanía y sin querer mirar directamente a los puestos europeos, como si la cosa no fuera con ellos. Los rojiblancos acumulan ya cuatro partidos sin perder, mientras que los «pericos» elevan la racha a siete.
El Sporting llega al encuentro con dos bajas de diferente magnitud. La de Barral será cubierta por Bilic. Pieza por pieza, ariete por ariete, que no debería suponer mayores traumas para el juego gijonés. El problema llega con la baja de Míchel. Para llenar su vacío, Preciado deshoja la margarita en las horas previas entre Matabuena y Diego Camacho, hombres de confianza del entrenador, de perfil defensivo, que concederán a Rivera un papel preponderante como constructor del juego del equipo.
El resto del equipo será el que el aficionado ya se sabe de memoria, con la línea defensiva formada por Lora, Botía, Gregory y Canella; línea que sigue dando motivos para la tranquilidad. Uno de los jefes de la zaga, Gregory, cree que «estamos muy fuertes en casa, hay que intentar prolongar la racha y sumar el máximo número de puntos posibles en nuestro campo». Tampoco deja pasar el francés la ocasión de recordar que hay que mantener los pies en el suelo: «La Liga es muy larga, no podemos pensar que ya está todo hecho cuando sólo llevamos nueve partidos disputados».
El invitado de esta tarde es tan ilustre como incómodo. Un Espanyol tocado por la tragedia con la muerte de su capitán Jarque en la pretemporada, que tardó en cogerle el ritmo, por razones evidentes, a la competición. La escalada hasta la zona de honor de la tabla la ha llevado a cabo sin sus dos máximos referentes de la última década: Tamudo y De la Peña. El delantero, enfrentado con el club, ve cómo su estrella se apaga lejos del césped, en la soledad de la grada. La escasa participación del cántabro se debe a sus eternos percances con las lesiones. Unas molestias en el gemelo le hacen ser duda para el partido de esta tarde. Sin sus dos generales, los soldados de raso han tenido que dar un paso al frente. Iván Alonso llena con goles el vacío de Tamudo; y Callejón, Luis García y Marqués, la magia de De la Peña. Con todo, un peligroso rival con armas de sobra conocidas en El Molinón: juego vertical y rápido, con la contra como gran arma.
No en vano, el equipo «perico» iguala los números a domicilio del Sporting, con su victoria en Riazor y sus dos empates en los difíciles campos de Villarreal y Sevilla. La única derrota como visitante ocurrió en Bilbao, en la primera fecha del Campeonato. No es además El Molinón un escenario que se le dé mal últimamente al conjunto catalán. En sus diez últimas visitas el Espanyol ha sumado en la mitad de las veces, con tres victorias y dos empates.
El Molinón rozará el lleno una vez más, lo contrario sería noticia, a pesar de las malas condiciones meteorológicas previstas para hoy. Un buen resultado ante el Espanyol, más el pase pasado mañana a la siguiente ronda de Copa, dejaría a los gijoneses en una posición inmejorable con vistas al parón liguero de la semana que viene. Entonces el optimismo se convertiría en euforia.

NACHO AZPARREN

Y El Molinón botó

Hizo falta todo el aliento de las más de siete mil gargantas sportinguistas que ayer se resquebrajaron en la grada de Riazor para despertar al Sporting. Tras un primer tiempo deslavazado y como atontado, los rojiblancos firmaron una segunda parte primorosa en la que pudieron rebañarle los tres puntos al Deportivo de La Coruña. Bien es cierto que también pudieron volver sin nada, de no ser por el imán que anoche ejercieron los palos sobre los remates de Riki. El balance es bueno y el Sporting regresa de La Coruña con otro punto en el zurrón y una sonrisa dibujada en la cara. El empate ante un estimable Deportivo deja el regusto dulce de las victorias merecidas y confirma la transformación de un equipo que ha ganado empaque sin perder la frescura.

Y eso que los primeros síntomas no fueron buenos. El ambiente que se vivía en la grada, teñida de rojiblanco desde muchísimo antes de que los jugadores saltasen a calentar, pesó en cierta medida sobre los futbolistas del Sporting. Los hombres de Preciado quisieron regalarle una victoria a esta afición que sigue asombrando a España y cayeron en la precipitación. En un primer tiempo trepidante, al Sporting se le escurría el partido entre los dedos.

Fue necesaria la pausa del entreacto para tomarse un momento de reflexión. A partir de ahí, el Sporting sí se pareció a sí mismo. Siguió corriendo mucho, pero ahora con criterio. Y desbordó por todos lados a un rival al que había madurado durante el primer acto. El Deportivo aceptó el pulso trepidante que le propuso el Sporting, pero acabó desfondado por la falta de costumbre. Así llegó el empate y pudo venir algún gol más. Quizá tampoco hubiese sido justo en el cómputo global del encuentro. El empate deja más felices a los rojiblancos que a un Deportivo al que se le atraganta el Sporting, pero la historia pudo ser bien distinta si los gallegos hubiesen afinado su puntería.

A pesar del enorme calor que desprendía una grada poblada en gran parte por camisetas rojiblancas, el Sporting dio desde muy pronto síntomas preocupantes en el primer período. Algo flotaba en el ambiente, que no transmitía buenas sensaciones para la Mareona, que siguió animando incluso en los peores momentos. Y eso que el partido arrancó con un ritmo alocado, muy del agrado de Preciado y sus futbolistas. El Deportivo dejó que el Sporting escogiese las armas, pero le ganó el duelo. Los de Lotina corrieron más y mejor, dieron mucha más sensación de peligro y apenas si sufrieron un par de arañazos en defensa. Y, encima, se reservaron su mejor arma hasta que encontraron la ocasión propicia. Tras fallar un par de contragolpes tan eléctricos como mal rematados, estaba claro que el gol coruñés llegaría a balón parado o no llegaría. Pero la ocasión llegó, un poquito antes del descanso.

Para cocinar la jugada que Lassad remachó a la red fueron necesarios varios ingredientes. Primero, que Pérez Burrull señalase una falta más que dudosa en el centro del campo. También fue importante la picardía de Sergio, quien, pasito a pasito, adelantó el balón más de cinco metros sin que nadie le discutiese la posición. Pero el toque de gracia lo dio Preciado, con su extraña manía de situar a Lora cubriendo a los mejores rematadores del equipo rival en las jugadas a balón parado. Lo hizo con Sergio Ramos y con Abel Aguilar, y ayer le tocó a Juan Rodríguez. El cabezazo del centrocampista lo repelió el larguero, pero el tunecino Lassad fue el más vivo para aprovechar el rechace.

Antes de eso, el Deportivo ya había tenido varias ocasiones claras. El primer susto llegó antes siquiera de coger ritmo, cuando Riki sufrió una lipotimia en el área del Sporting al verse encimado por Gregory y Juan Pablo. Pérez Burrull no pico. Poco después, el cántabro no vio un control con la mano de Riki, que se giró y, a la media vuelta, estampó un zurdazo en el larguero de la portería de Juan Pablo. Éstas fueron las más claras, pero lo cierto es que durante todo el primer tiempo la sensación de peligro sobrevoló el área de Juan Pablo. El Sporting no daba noticias en ataque, salvó un par de escaramuzas mal resueltas por Miguel de las Cuevas.

El descanso fue providencial para el Sporting. El Deportivo quiso administrar la ventaja como lo había hecho en otras ocasiones, pero subestimó al rival. El Sporting no es un equipo al que se pueda adormecer y menos cuando a Diego Castro le llega la inspiración. El interior gallego firmó un segundo tiempo de nivel. A las primeras de cambio, ya dispuso de una ocasión para haber empatado, pero su remate con rosca se marchó lamiendo la escuadra de Aranzubía.

El Sporting apretó el paso y las ocasiones se fueron sucediendo. Primero un cabezazo de Barral que blocó Aranzubía con seguridad y después una ocasión desperdiciada por Miguel de las Cuevas, que ayer tenía el día fallón. El alicantino recogió un balón suelto en un córner y, con todo a favor, lo mandó fuera. Como los jugadores de talento suelen redimirse en las grandes ocasiones, Miguel de las Cuevas no tardaría en hacerlo inventándose la jugada del empate.

El alicantino recibió un balón en la línea de tres cuartos y paró el tiempo. Lo justo para el desmarque de Diego Castro. Asistencia primorosa, amago, Aranzubía sentado y gol a placer. Una belleza. El Deportivo reaccionó enrabietado y dio un último coletazo. A la salida de un córner, Riki, quién si no, conectó un cabezazo impecable que se fue al poste. Su rechace lo mandó a la red Lassad en claro fuera de juego.

Lo demás fue un quiero y no puedo de los locales, que embotellaron al Sporting a la tremenda. Los rojiblancos aún tuvieron otra buena ocasión en los pies de Diego Castro, pero esta vez Aranzubía respondió con una buena estirada para desbaratarla.

El Sporting de los empates sigue sumando y está un pasito más cerca de los 42 puntos, que siguen siendo el único objetivo realista de este equipo. El próximo domingo el Espanyol pondrá a prueba la solvencia de El Molinón, con el handicap de la ausencia de Barral. Hay motivos para la esperanza y el mejor es el juego del equipo
VICTOR RIVERA

"El de Riazor fue uno de mis mejores partidos"

David Barral vuelve al escenario que mejor se le dio el año pasado. Al gaditano le hicieron un penalti, marcó un gol y una internada suya le costó la expulsión a Colotto en el encuentro que los gijoneses ganaron en Riazor con un espectacular 0-3.
El jugador andaluz recuerda que «fue uno de mis mejores partidos en Primera y también una de las actuaciones más completas del equipo», y apunta que «ahora tenemos que volver con la misma ilusión, respaldados por una afición que nos da una motivación añadida».
El partido de la campaña pasada le provoca «excelentes recuerdos porque, con la expulsión de Colotto, se acabó el partido, aunque ya íbamos ganando por 0-2».
Barral comentó que «el Deportivo de este año está haciendo bien las cosas y seguro que va a ser un partido complicado». Aseguró que «estamos en un buen momento y no debe asustarnos, aunque le tenemos respeto, porque sabemos a qué equipo vamos a enfrentarnos», y cree que el conjunto coruñés «tiene gente de calidad arriba y pueden hacer goles con cierta facilidad, pero defensivamente estamos bien y tenemos que contrarrestarlos con mucha concentración».
El delantero rojiblanco expuso que «esta temporada somos un bloque, en el que destaca el conjunto», si bien agregó que «en la Copa se vio que hay una plantilla amplia y otros jugadores que también pueden tener su ocasión de jugar».
Barral indicó que «igual este año no ganamos con tanta claridad, pero sí podemos conseguir un 0-1 o un 1-2», lo que fundamentó al estar «muy bien defensivamente, lo que nos da tranquilidad».
El delantero rojiblanco considera que «nos viene bien que el Dépor haya perdido 4-0 en Valladolid, porque, si las cosas no le van bien, surgirá el nerviosismo en su público, lo que podemos aprovechar». Barral espera un rival que «tendrá ganas de vengarse, porque el año pasado lo ganamos las dos veces», pero matizó que «nuestra idea es sacar algún punto para brindárselo a nuestra afición». Asimismo, comentó que «tener el apoyo de 7.000 personas en la grada como visitante es algo que llama la atención y nos motiva».
Barral, que sólo lleva un gol esta temporada, afirmó que Manuel Preciado «está contento con mi rendimiento y los goles ya llegarán». Según agregó, «ahora le toca a De las Cuevas y ya llegará mi racha». También recuerda que «tengo bastante participación y me esfuerzo al máximo» y añadió que «intervine en algunas jugadas en las que se gestaron goles, como la falta del primero en San Mamés».

La Copa se decidirá en Gijón

El Sporting de Gijón sacó un valioso empate (1-1) del Nuevo Colombino en un partido poco vistoso y que tuvo los goles al principio de cada tiempo. Primero golpeó el Recreativo con un tanto de Candeias, pero después fue Bilic el que igualó tras el descanso. Todo queda para la vuelta, pero el Sporting parte con ventaja por el valor doble de los goles en campo contrario.
Otra cosa parecía que iba a ser el encuentro cuando a los cuatro minutos Candeias adelantaba al Recre con un gol tan poco ortodoxo como efectivo. El portugués aprovechaba una buena jugada de Barrales por la izquierda que ponía al segundo palo y con un remate mal dado y flojo el balón se iba hasta el poste contrario sin que llegaraCuéllar.
El gol hizo reaccionar al conjunto de Manolo Preciado, pero apenas creó peligro. Kike Mateo fue el primero que lo intentó a los doce minutos pero se llenó de balón. Poco a poco se desperezó el conjunto visitante, que comenzó a tener más el balón y a impedir las llegadas del Recre. Barrales pidió penalti por agarrón de Iván Hernández en la única aproximación de los locales en la última media hora y luego fue Bilic el que lo hizo en el área andaluza.
El croata pudo empatar antes del descanso con un zapatazo que iba a la escuadra y que obligó al paradón de Bernardo. Sin embargo, no perdonó en la siguiente que tuvo, ya en la segunda parte. En el minuto dos aprovechó en el segundo palo un centro deKike Mateo, que había apurado hasta la línea de fondo, para imponerse a Córcoles por arriba y marcar de cabeza.
Con el empate, el Sporting acrecentó su superioridad en el terreno, aunque no encontró huecos ante el buen quehacer defensivo del equipo onubense. Con más corazón que cabeza, los deJavi López se fueron hacia arriba haciendo retroceder a los sportinguistas que, pese a todo, apenas sufrieron. Sólo en el minuto 83 un fallo de Cuéllar en una salida estuvo a punto de cambiar las cosas.

Un gran Sporting empata con el R. Madrid

El Sporting inició el partido perfectametne posicionado, con las ideas claras y la evidente decisión de plantarle cara con valentía al equipo madrileño.
De las Cuevas fue el primero en intentar el remate, al que siguieron nuevas acciones ofensivas por parte de los de Preciado, a los que sólo les faltaba el acierto en los metros finales.
Kaká trataba de dar la réplica. El brasileño mostraba su gran clase.
Ya en los instantes finales de la primera mitad, De las Cuevas puso a prueba a Casillas.
La segunda mitad se reanudó con un Real Madrid que trataba de adelantar metros.
Juan Pablo se luciría, al parar un balón con veneno que había rematado Granero.
El Sporting, no obstante, seguía buscando sus opciones con un público entregado a su juego, si bien los blancos habían adquirido más dominio.
Juan Pablo volvía a repeler un remate a saque de falta del Kaká.
Preciado había dado entrada a Biic por Barral y poco después a Carmelo por De las Cuevas. El de Astillero quería darle oxígeno a su ataque.
El siguiente relevo era el de Iván Hernández por Luis Morán, en el minuto 35 de esta segunda mitad. El Real Madrid controlaba y el Sporting tenía que contener. Se notaba el desgaste entre los rojiblancos.
Rivera daba la cara y no se amilanaba ante Diarra mientras pasaban los minutos. La afición rojiblanca, por su parte, no dejaba de animar. Míchel demostraba su buen estado de forma.
Los minutos finales fueron de acoso de los merengues, sin bien Bilic fue el último en intentar el remate.
Cada equipo mandó un tiempo. Al final, reparto de puntos.

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