Empate a «unos» en El Molinón
El Sporting encontró rápido el fruto a esa presión ofensiva. Lo hizo bien pronto. En el minuto 5. Tras un saque de esquina con rebote a la zona de David Villa, el contragolpe gijonés, controlado por Diego Castro, acabó en gol, con un extraordinario disparo parabólico del jugador gallego que hizo estéril la estirada del meta César.
Con esa ventaja en el marcador, los gijoneses intentaron mantener la calma, pero se encontraron con un rival que pronto apretó el acelerador y que llevó el partido a una sola mitad del campo: la rojiblanca. Fue entonces cuando emergió la figura de Juan Pablo, que asumió una especial repercusión en este primer tiempo. El meta leonés despachó una actuación sobresaliente con cinco intervenciones claves para llegar al descanso con su portería imbatida.
El primer remate valencianista llevó el sello, como no, de David Villa, en un centro medido de Mata, que el portero local desvió a una mano tras un disparo a bocajarro, con la pierna derecha, de 'El Guaje'. Después también probaron fortuna Silva, Mata y Pablo Hernández, pero el leonés estaba ayer infranqueable. Incluso la madera jugó en esta ocasión con los rojiblancos y un remate, franco y cabeza, de Marchena se estrelló en el poste izquierdo de la portería rojiblanca.
Peligrosas pérdidas
El conjunto de Emery dominaba, pero desesperaba cuando llegaba la hora de disparar a portería. Los hombres de Manuel Preciado se defendían con orden, aunque cometían peligrosas pérdidas de balón por un exceso de confianza de la parcela central. Con más decisión en el despeje, se hubieran evitado algunas ocasiones visitantes de peligro.
Mediado el primer tiempo, el equipo valencianista puso una nueva marcha más a su juego al adelantar a los laterales al campo rojiblanco y al buscar la profundidad del balón tanto por el centro como por las bandas, aprovechando para ello la movilidad de Banega en la parcela central y los desmarques de Villa, Silva y Mata.
El balón era por entero del Valencia y al Sporting no le quedaba otra que sufrir. Pero, incluso bajo estas condiciones, todos los intentos visitantes, que fueron muchos en esta primera mitad del encuentro, no pasaban de Juan Pablo.
Tras el paso por los vestuarios, el segundo tiempo ofreció un desarrollo similar al primero, aunque el conjunto 'che' ya no se mostró tan insistente a la hora de llegar a los dominios de Juan Pablo. Tal vez porque acusó el esfuerzo de los primeros 45 minutos. De hecho, la primera ocasión fue local en una melé en el área visitante, pero Diego Castro no encontró una posición clara para disparar.
El Valencia movió fichas tácticas. Emery trató de abrir espacios en la zaga gijonesa y retrasó a Silva, que se ubicaba cerca de Banega. El balón era de los valencianos, pero sin ocasiones ante el guardameta gijonés. Pese a su total dominio, que por momentos se convertía en un asedio total, no lograban descontrolar a los sportinguistas.
El principal defecto de los de Preciado seguían siendo las pérdidas del control del esférico. Lo hacía con demasiada facilidad. Y los saques desde la meta de Juan Pablo acababan en los pies de los defensas valencianistas, en cuya zona se empezaban a armar los ataques visitantes.
Emery trasladó a Mata al centro en un claro intento de desahogar la zona de remate, pero en vano, ya que David Villa estaba demasiado vigilado. La lesión de Bruno dio lugar a un doble cambio en las filas visitantes. Miguel sustituyó al mencionado Bruno y 'Chori' Domínguez ocupó el puesto de Pablo Hernández, bastante desdibujado y sin poder en ningún momento con su par, el rojiblanco Canella. El argentino se fue al centro del campo, mientras que Silva cayó a la banda derecha.
Aunque el balón era de los visitantes, el Sporting mantenía bajo control su zona, sin que los hombres de Emery encontraran facilidades en sus aproximaciones al área. Manuel Preciado recurrió a jugadores de refresco para mantener la fuerte presión. Dio entrada a Kike Mateo, que se situó en la posición de enganche en sustitución de Carmelo, y De las Cuevas pasó a la banda derecha.
El acierto de Mata
El conjunto 'che' pudo lograr el empate en un chut de Villa, con poco ángulo, pero el esférico se estrelló en la parte externa del poste izquierdo. Lo que 'El Guaje' no logró lo consiguió cuatro minutos después Mata, al aprovechar un pase en profundidad tras un despeje equivocado de Lora. La decepción cundió entre los rojiblancos. Sobre todo, porque el Valencia marcó cuando menos lo merecía.
Reaccionó al gol el técnico de El Astillero y dio entrada al campo a Sastre en el lugar de De las Cuevas. El mallorquín se colocó por delante de Lora. El Sporting se mostró en esta parte final como un conjunto entero frente a un rival menos agresivo, que, incluso, daba la sensación de conformarse con el empate. No así su técnico, que buscó la velocidad por banda y el desborde al retirar al goleador Mata y apostar por Joaquín.
En el último tramo del partido, las oportunidades para desnivelar el duelo fueron locales. Diego Castro pudo hacerlo, pero su disparo lo rechazó César. Pero, para ocasión clara, la de Mate Bilic ya en el tercer minuto de los cuatro de prolongación. El croata, solo ante César, no fue capaz de superar al veterano guardameta en su salida.
Manuel Preciado dio entrada a Lola a tres minutos del final en un debut testimonial, ya que el serbio dispuso de poco tiempo para entrar en juego.
El empate, en cualquier caso, es un buen resultado, aunque la ocasión final de Bilic dejó un sabor agridulce, ya que la victoria pudo haber quedado en casa ante un rival que confirmó la extraordinaria calidad que atesora en sus filas. Tanto a nivel colectivo como individual.
La imagen del Sporting ayer no tuvo nada que ver con la ofrecida una semana antes en el estadio de los Juegos del Mediterráneo y permite pensar con moderado optimismo en el futuro inmediato de los hombres de Manuel Preciado.
El Sporting lavó su mala imagen de la jornada anterior. Y lo hizo frente a un buen Valencia, que obligó a los hombres de Manuel Preciado a emplearse a tope para contrarrestar su juego. El punto final debe valorarse como positivo, ya que responde a lo sucedido sobre campo de El Molinón aunque pudo saber a poco tras 70 minutos con ventaja en el marcador y tras errar la mejor ocasión del partido en el tiempo añadido, que pudo haber dejado los tres puntos en Gijón.
El inicio del duelo de El Molinón fue de un alto grado de intensidad. El equipo de Manuel Preciado presionó con insistencia desde el mismo pitido inicial del colegiado Ramírez Domínguez y esa actitud cayó como un jarro de agua fría entre unas sorprendidas filas valencianistas. Portilla se mostraba notablemente activo en el centro del campo, los interiores ofrecían movilidad y se trataba de imprimir un fuerte ritmo al trabajo ofensivo, que descontroló por completo a los defensores visitantes en estos compases iniciales.
Barral hace a Gundemaro socio de honor

El delantero David Barral, que marcó el gol 1.000, entregó el carné de socio de honor de la Peña Sportinguista Tres Ases al veterano Gundamaro Paniceres, autor del primer tanto del Sporting en Primera (1943-44), durante una visita al hospital de Cabueñes, en la que estuvo también presente Sergio Puente, presidente de esta peña.
El Sportin se reencuentra con la victoria
El Sporting de Gijón logró hacer de El Molinón un fortín, consiguiendo una victoria importantísima ante un Getafe en racha que le permite asentarse en la zona media de la tabla y, de paso, reencontrarse con el triunfo y frustrar las aspiraciones del conjunto madrileño de acabar la jornada en Europa.Un gol de Diego Castro en el minuto 39 de la primera mitad bastó para que los de Preciado volvieran a saborar las mieles del triunfo ante una mareona a la que ni el frío ni la nieve impidió que copara las gradas de el Molinón.
El conjunto de Míchel se vio superado en la primera parte por un cuadro local que salió dispuesto a que los tres puntos se quedaran en casa a toda costa. Desde el primer momento, el balón estuvo más tiempo en el medio campo visitante que en el local, llegando la mayoría del peligro con las entradas por las bandas.
No obstante, durante unos minutos el Getafe se sacudió el dominio rojiblanco y llegó a las inmediaciones de Juan Pablo, aunque sin crear peligro. Dos faltas sobre Pedro León en las inmediaciones del área fueron lanzadas por éste sobre la barrera en medio del nerviosismo de la grada, conocedora del peligro que este futbolista tiene en este tipo de acciones.
Acuciados por Preciado, los jugadores del Sporting volvieron a tomar el mando del partido y fue Diego Castro se encargó de poner de nuevo en apuros a Codina en una rápida contra del conjunto asturiano.
Un minuto después éste adelantó al equipo gijonés al controlar con el pecho un mal disparo de Maldonado y cruzar el balón fuera del alcance de Codina, cuando quedaban siete minutos para el descanso.
El Getafe lo intentó de todas las maneras
Tras la reanudación, el Getafe salió más 'enchufado' y buscó el empate con ahínco, pero se encontró con una defensa muy seria y un Juan Pablo que realizó grandes intervenciones.
Pero el Sporting supo jugar bien sus bazas y creó peligró, pero no supo materializar. Falló Maldonado en un centro-chut un tanto esquinado que Codina cubrió muy bien y Rivera mostró lo mejor de sí mismo en el centro del campo, creando juego y cortando muchos balones, lo que provocó que el Getafe, incapaz, se viera encerrado en su parcela.
fue entonces cuando Míchel decidió 'despertar' a los suyos. El Getafe se hizo dueño del balón y empezó a dar mucho trabajo a Juan Pablo mientras que los sportinguistas se vinieron atrás. El cuadro azulón gozó de la mejor ocasión del partido para empatar en una falta lanzada por Pedro León hacia el área que remató de cabeza Mario para, solo, estrellar el balón en el poste.
El Getafe lo intentó de todas las maneras posibles pero la defensa y el portero sportinguista estuvieron muy seguros e incluso la última oportunidad fue para el equipo local, pero el disparo de Bilic acabó en córner ante la buena reacción de Codina.
Empate del Sporting ante el Málaga
Pudo ganar. Hizo méritos para ello, pero la reacción después de los despistes de los dos goles malagueños quedó incompleta. El Sporting se quedó a medias.El partido fue más emocionante que brillante. El Málaga buscó la vía práctica. Aprovechar los despistes defensivos de su rival y frenar el ritmo del partido. Le fue bien, porque pronto inauguró el marcador, después de que Maldonado realizase una prometedora jugada. En el tanto visitante, Duda no tuvo problemas de acoso en el marcaje de su par, para hacer un segundo remate casi sin oposición. Recordó viejos defectos de la defensa gijonesa.
El equipo de Muñiz creó complicaciones con una fuerte presión desde el pitido inicial. Con el marcador a favor le vino mucho mejor el dispositivo del partido. En el Sporting se echaba de menos a Rivera. Su pareja habitual en el pivote, Míchel, quedaba en el banquillo, para empezar a calentar a la media hora y salir en el segundo tiempo. Con la escasa actividad de Matabuena y Camacho, no tiene explicación que el lenense quedara fuera.
El Sporting perdió la mayor parte del primer tiempo sin apenas entradas por las bandas y sin que la conexión entre De las Cuevas y Barral funcionara, pese a los esfuerzos individuales.
Preciado hizo el primer cambio obligado. Lora, que había sido duda, acusó problemas gástricos. Entró Sastre, sin variantes tácticas.
El Málaga se dedicó a perder el tiempo, para sacar de quicio a los rojiblancos. Una táctica lógica con 0-1 en el marcador, con demasiada pasividad del colegiado. Pudo marcar Barral, pero desvió poco el balón ante la salida de Munúa, y Maldonado, pero su tiro rozó el exterior de la madera. También Forestieri tuvo una ocasión en un contraataque, pero cruzó el balón en exceso.
El fútbol del Sporting se caracterizaba por los pelotazos, con escasas ideas en la concepción del juego y con más voluntad que acierto. El partido resultaba cómodo para Munúa, pese a que la zaga malaguista evidenciaba algunas carencias, sobre todo por los laterales.
El partido era tenso y con abuso de los visitantes para caer al césped en cualquier contacto. La consigna era parar el ritmo lo más posible, ante la fogosidad de los de Preciado. Ese empuje fue el que permitió la igualada, en un lanzamiento de esquina lanzado por Maldonado, que cabeceó impecablemente Gregory. Era el tercer minuto de la prolongación.
En el segundo tiempo salió Míchel. El equipo gijonés, ya con el marcador nivelado, ganó en consistencia y empezó a tener aproximaciones a la zona de Munúa, con un Barral muy activo. El conjunto de Preciado arriesgaba más para buscar la victoria. Faltaba precisión en los metros finales, mientras que los visitantes empezaban a pasar apuros.
De una forma absurda cambió de nuevo el guión del encuentro. En el lanzamiento de falta muy lejana, el trío de Duda dio en el cuerpo de Gregory, despistó a Juan Pablo y dejó que Weligton sólo tuviera que empujar el balón. Otra vez el partido cuesta arriba.
Preciado arriesgó todo. Retiró a Camacho y dio entrada a Carmelo. Míchel quedó de pivote único, con un potencial ofensivo de cinco delanteros. La presencia de Carmelo dio un dinamismo mucho más incisivo.
Diego Castro tiró a la madera poco antes de que Canella lograra la igualada definitiva, con un disparo desde muy lejos, que sorprendió a Munúa.
Al ataque
Con el nuevo empate, el Málaga dio la sensación de conformarse con un punto, mientras que el Sporting apretó más las tuercas en ataque. El conjunto de Muñiz, con dos pivotes de corte más bien defensivo, ya no ofrecía peligros. Ni la presencia de Luque se dejaba notar en el aspecto ofensivo.
El problema de los rojiblancos era la falta de definición en su vanguardia, principalmente por pecar en la búsqueda de la posición para el disparo con reiterados quiebros y regates. Los rojiblancos querían encontrar una posición cómoda para el disparo. El ejemplo fue el de Maldonado, quien tuvo dos oportunidades para haber servido el balón en perfecta situación para el remate, pero se perdió en querer asegurar demasiado el pase ante una zaga que daba pocas concesiones por el centro.
El conjunto de Muñiz sólo tuvo un contraataque, que Juan Pablo solucionó en el tiro inocente del joven Pedrito, mientras que Munúa estuvo más activo, con la oportunidad de resarcirse del gol del segundo empate.
La banda izquierda de los rojiblancos empezó a hacer estragos en la zaga andaluza. El sufrimiento era para el danés Mtiliga, a quien Estrada tardó mucho en mostrar la tarjeta por la reiteración de faltas.
El tiempo de prolongación se jugó casi todo en el campo malagueño, pero con pocas opciones de tiro, ante un rival que intentaba mantener el orden defensivo, pero con algunos problemas para frenar el estilo de los 'jugones' rojiblancos, que perdieron una buena oportunidad para ser más prácticos. En ese sentido, el Málaga se adaptó mejor al partido, aunque también gozó de dos regalos que supo administrar.
Por merecimientos, el Sporting hizo más que el Málaga para ganar, aunque los gijoneses perdieron una buena parte del primer tiempo. Por las características de los centrocampistas de la plantilla y la actividad que lleva cada uno en sus piernas, dejar a Míchel en el banquillo sonó a error, sobre todo cuando el técnico aclara que no se le dio ninguna indicación de la oferta del Birmingham City o de conveniencias empresariales. Dejar sentado a un titular que rinde a un nivel notable carece de lógica.
Por otro lado, los gazapos defensivos recordaron viejos defectos que fueron los que impidieron tener en la campaña pasada una tranquilidad en la clasificación, hasta perder un colchón que se tenía en enero, similar al de ahora. La ventaja no es tan sustancial con lo que queda por disputarse.
El regusto que queda del partido es que la imagen del equipo, pese a que fue irregular, fue mejor que la del rival. Hubo ocasiones para haber ganado, pero la falta de acierto dejó la reacción a medias.
FUENTE: ROSETY
«La permanencia pasa por El Molinón»
David Barral, único delantero específico que tiene Preciado disponible para recibir el domingo al Málaga, da un valor «importante» al encuentro ante los andaluces.
El jugador gaditano echa sus cuentas con vistas al primer mes del año, en el que los rojiblancos disputarán cuatro de los cinco partidos ligueros en campo propio. Barral señaló que «en El Molinón llevamos una buena dinámica y sólo perdimos contra el Sevilla». Según agregó, «tenemos que hacer de nuestro campo un fortín, ganarlo todo y ser fuertes para puntuar, porque la permanencia pasa por El Molinón». Es el objetivo que «pido a 2010».
Barral considera que «enero va a ser un mes fundamental» y su primer objetivo es «ganar al Málaga». Aunque el gaditano presume de que los equipos andaluces «se me suelen dar bien», tiene presente que «al Málaga nunca le marqué un gol, pero el partido del fin de semana es una buena oportunidad para lograr el primero», con la premisa de que «el triunfo quede en casa».
El delantero rojiblanco admite que «no terminamos el año como quisiéramos», al haber cosechado tres derrotas consecutivas, en las salidas a Tenerife y Valladolid, con la visita del Sevilla entre los dos. El análisis de Barral es que «el equipo está bien y lleva una buena trayectoria». Según explicó, «antes de iniciar la competición hubiéramos firmado tener 20 puntos a estas alturas de la Liga», aunque matizó que «el descanso ya se acabó y ahora estamos centrados en preparar el partido contra el Málaga, un rival directo, ante el que deseamos cambiar la dinámica más reciente».
Barral considera que ser el único delantero específico «no es ninguna responsabilidad añadida», ya que «me encuentro muy tranquilo», pero consciente de que «tengo que cuidarme más, porque no puedo faltar». También se cuida de «no engordar, para no perder la forma y ofrecer las máximas garantías».
Aunque sólo lleve un gol, después de haber sido el más realizador de 2009 en partidos amistosos y oficiales, Barral está «tranquilo y no voy a obsesionarme», al valorar que «tengo la confianza del míster». Ahora piensa «en Welligton», de quien no valora la fama de antideportivo que tiene, ya que «lo conozco y es un buen central. Conmigo siempre se comportó bien, por lo que lo saludaré y nada más».
El jugador gaditano echa sus cuentas con vistas al primer mes del año, en el que los rojiblancos disputarán cuatro de los cinco partidos ligueros en campo propio. Barral señaló que «en El Molinón llevamos una buena dinámica y sólo perdimos contra el Sevilla». Según agregó, «tenemos que hacer de nuestro campo un fortín, ganarlo todo y ser fuertes para puntuar, porque la permanencia pasa por El Molinón». Es el objetivo que «pido a 2010».
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El delantero rojiblanco admite que «no terminamos el año como quisiéramos», al haber cosechado tres derrotas consecutivas, en las salidas a Tenerife y Valladolid, con la visita del Sevilla entre los dos. El análisis de Barral es que «el equipo está bien y lleva una buena trayectoria». Según explicó, «antes de iniciar la competición hubiéramos firmado tener 20 puntos a estas alturas de la Liga», aunque matizó que «el descanso ya se acabó y ahora estamos centrados en preparar el partido contra el Málaga, un rival directo, ante el que deseamos cambiar la dinámica más reciente».
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Aunque sólo lleve un gol, después de haber sido el más realizador de 2009 en partidos amistosos y oficiales, Barral está «tranquilo y no voy a obsesionarme», al valorar que «tengo la confianza del míster». Ahora piensa «en Welligton», de quien no valora la fama de antideportivo que tiene, ya que «lo conozco y es un buen central. Conmigo siempre se comportó bien, por lo que lo saludaré y nada más».
Patinazo en Valladolid
El último encuentro liguero del año 2009 tuvo un final infeliz para el Sporting. Los jugadores rojiblancos desperdiciaron la ventaja que les había dado Luis Morán en el primer tiempo y las mejores ocasiones en el inicio del segundo para sentenciar un duelo en Zorrilla que terminaron perdiendo en el último suspiro.Manuel Preciado dio entrada de inicio a los previstos, en una lista en la que quedaron descartados Gerard y Pedro. Su homólogo José Luis Mendilíbar enseñó otras cartas distintas a las que había dejado ver durante la semana, con la presencia de Pelé en el centro del campo, junto a Álvaro Rubio, y con Borja escorado a la banda derecha. En ocasiones, éste caía más al centro para permitir a Canobbio cambiar de zona.
El partido se desarrolló sobre un terreno de juego que presentaba grandes dificultades. El Valladolid jugó primero contra la puerta en la que el Sporting tenía una zona helada. Estas condiciones complicaban la labor defensiva del Sporting, que ofrecía una imagen de notable inseguridad por el estado del campo.
El conjunto pucelano dispuso de las primeras ocasiones, que se produjeron por errores defensivos de los gijoneses. Bien por no medir adecuadamente la posición, bien por despistes al calcular erróneamente el contacto con el balón. Menos mal que el goleador Diego Costa empezó el encuentro con la pólvora mojada porque desperdició las cuatro ocasiones de las que dispuso. Clara, sobre todo, fue la primera, a los dos minutos, en la que se quedó solo ante Juan Pablo tras un inoportuno resbalón de Gregory.
El Sporting, espoleado por una afición de nuevo sobresaliente, se adelantó en el marcador. Fue la primera llegada con cierta intención de sembrar peligro. Un golpe franco en las inmediaciones del área fue botado en corto por Rivera para que José Ángel lanzara un potente disparo. El rebote, tras golpear en la barrera, cayó en las botas de Luis Morán, quien marcó de disparo cruzado.
Doble aviso rojiblanco
Con ventaja en el marcador, el conjunto de Preciado asumió el control del partido. Incluso pudo llegar el segundo gol en una jugada espectacular de De las Cuevas, que no encontró rematador tras golpear el balón en Arzo. Barral dio también otro aviso con un remate de cabeza, a centro de Diego Castro, pero el balón salió ligeramente desviado.
Tras los mejores momentos de presión gijonesa, el Valladolid se lanzó al ataque. Lo hizo con más sentido que los sportinguistas, que dieron muestra de su debilidad defensiva. Botía y Gregory no calculaban para despejar el peligro, Lora mostraba algunas imprecisiones y en el centro del campo no se aguantaba el balón con la consistencia necesaria. Los de Mendilíbar aprovechaban el momento para acercarse a Juan Pablo, pero con escasa puntería.
Llegó el empate en una jugada a balón parado, con despiste incluido de la zaga rojiblanca en los marcajes. Tras dos remates, el vallisoletano Nivaldo, libre de vigilancia, cabeceó en el borde del área de portería, sin que Juan Pablo pudiera hacer nada para evitar la igualada. La jugada fue irregular y ampliamente protestada por los rojiblancos, ya que el primer remate de Arzo se produjo en una posición antirreglamentaria de fuera de juego.
El último cuarto de hora fue de mayor control local, con una nerviosa defensa de los sportinguistas, que tampoco tenían demasiada precisión en los metros finales. Las asistencias hacia Barral se encontraban siempre con Arzo y Nivaldo, sin posibilidad de inquietar realmente a Justo Villar. Tampoco las bandas se dejaban ver y el juego ofensivo en general resultaba excesivamente descoordinado. El terreno de juego parecía resultar peor enemigo que el Valladolid para los discípulos de Preciado.
El segundo período tuvo un inicio prometedor, con ocasiones claras para que los gijoneses se hubieran adelantado nuevamente en el marcador. El hielo del área pucelana en este período fue el principal salvador de los de Mendilíbar. Luis Morán dispuso de la primera oportunidad, pero no pudo rematar un servicio de Diego Castro. El luanquín no pudo sostenerse de pie. El mismo jugador probó fortuna al minuto siguiente, pero Villar despejó su disparo, después de otro de De las Cuevas. En este rosario de infortunios, llegó otra oportunidad, en una inmejorable situación, pero Diego Castro se vio impotente para rematar un servicio lateral.
Para colmo de la mala suerte, cuando se cumplía el primer cuarto de hora de la reanudación, una espectacular colada de Diego Castro estuvo a punto de ser rematada por Míchel, en la línea de portería, pero Arzo se anticipó para despejar lo que ya parecía un gol cantado.
A partir de esa jugada, el Valladolid despertó y empezó a montar esporádicos contraataques con un estilo práctico. El Sporting intentaba jugar el balón, pero el estado del césped le creaba demasiados problemas para poder finalizar las jugadas. El conjunto castellano, por contra, le daba al juego un sentido menos complicado, con despejes largos para aprovechar las indecisiones de Gregory y Botía.
De esta manera comenzaron a llegar las oportunidades de remate de los vallisoletanos, aunque, afortunadamente para el meta Juan Pablo, lo hicieron con el punto de mira desviado.
Manuel Preciado trató de encontrar alternativas al juego ofensivo de sus hombres. Barral había pasado inadvertido hasta entonces y el técnico de El Astillero dio entrada a Maldonado en su lugar, sin variantes en el dibujo táctico. Pero el cambio no mejoró nada a los rojiblancos.
Cambio de piezas
El duelo de Zorrilla mantenía un desarrollo con un cierto equilibrio ya que las contras pucelanas tampoco dejaban patente que no tenían las ideas claras a la hora de finalizar. Preciado buscó reforzar la parcela central con el cambio de Matabuena por Diego Castro, trasladó a De las Cuevas a la banda izquierda y situó un trivote en el centro del campo.
En los últimos compases del encuentro, los rojiblancos aumentaron su ambición al ver posibilidades de llevarse los tres puntos, pero, al mismo tiempo, asumieron excesivos riesgos. Al Valladolid le bastaron dos contraataques para cerrar el partido. En el primero, Bueno lanzó al primer anfiteatro un buen servicio de Diego Costa. Pero, en el segundo, Medunjanin, que había suplido a un irregular Canobbio, no falló ante la descompensada zaga rojiblanca.
El partido puede resumirse con una idea: el Sporting sufrió una derrota inmerecida en un partido en el que asumió demasiados riesgos por querer ganarlo y sin acierto para haber resuelto las acciones más claras. Falta de fortuna y también de puntería, pero sobre todo, los errores de precisión en la retaguardia pesaron en exceso, con una delantera que no estuvo a la altura de las circunstancias.
Fue un mal cierre de 2009 para el conjunto de Manuel Preciado. Ahora queda solucionarlo en enero de 2010.
MANUEL ROSETY
La plantilla sportinguista visita Cabueñes
Los futbolistas realizaron la tradicional visita al hospital gijonés, aprovechando para entregar unod detalles a los niños hospitalizados.Cumpliendo la tradición, la plantilla rojiblanca acudió al completo al Hospital de Cabueñes para entregar los juguetes a los niños hospitalizados en el centro. La planta de pediatría alegró su cara para recibir a los jugadores del Sporting, que mostraron su lado más solidario como cada año por estas fechas.
El único que faltó fue Bilic, que ya está en su país con permiso del club por motivos personales. El pasado martes, José Ángel y Canella recogieron los regalos en El Corte Inglés, mientras que hoy han repartido los regalos en el Hospital de Cabueñes. Es el último acto de una semana con muchos compromisos.



