Patinazo en Valladolid
El último encuentro liguero del año 2009 tuvo un final infeliz para el Sporting. Los jugadores rojiblancos desperdiciaron la ventaja que les había dado Luis Morán en el primer tiempo y las mejores ocasiones en el inicio del segundo para sentenciar un duelo en Zorrilla que terminaron perdiendo en el último suspiro.Manuel Preciado dio entrada de inicio a los previstos, en una lista en la que quedaron descartados Gerard y Pedro. Su homólogo José Luis Mendilíbar enseñó otras cartas distintas a las que había dejado ver durante la semana, con la presencia de Pelé en el centro del campo, junto a Álvaro Rubio, y con Borja escorado a la banda derecha. En ocasiones, éste caía más al centro para permitir a Canobbio cambiar de zona.
El partido se desarrolló sobre un terreno de juego que presentaba grandes dificultades. El Valladolid jugó primero contra la puerta en la que el Sporting tenía una zona helada. Estas condiciones complicaban la labor defensiva del Sporting, que ofrecía una imagen de notable inseguridad por el estado del campo.
El conjunto pucelano dispuso de las primeras ocasiones, que se produjeron por errores defensivos de los gijoneses. Bien por no medir adecuadamente la posición, bien por despistes al calcular erróneamente el contacto con el balón. Menos mal que el goleador Diego Costa empezó el encuentro con la pólvora mojada porque desperdició las cuatro ocasiones de las que dispuso. Clara, sobre todo, fue la primera, a los dos minutos, en la que se quedó solo ante Juan Pablo tras un inoportuno resbalón de Gregory.
El Sporting, espoleado por una afición de nuevo sobresaliente, se adelantó en el marcador. Fue la primera llegada con cierta intención de sembrar peligro. Un golpe franco en las inmediaciones del área fue botado en corto por Rivera para que José Ángel lanzara un potente disparo. El rebote, tras golpear en la barrera, cayó en las botas de Luis Morán, quien marcó de disparo cruzado.
Doble aviso rojiblanco
Con ventaja en el marcador, el conjunto de Preciado asumió el control del partido. Incluso pudo llegar el segundo gol en una jugada espectacular de De las Cuevas, que no encontró rematador tras golpear el balón en Arzo. Barral dio también otro aviso con un remate de cabeza, a centro de Diego Castro, pero el balón salió ligeramente desviado.
Tras los mejores momentos de presión gijonesa, el Valladolid se lanzó al ataque. Lo hizo con más sentido que los sportinguistas, que dieron muestra de su debilidad defensiva. Botía y Gregory no calculaban para despejar el peligro, Lora mostraba algunas imprecisiones y en el centro del campo no se aguantaba el balón con la consistencia necesaria. Los de Mendilíbar aprovechaban el momento para acercarse a Juan Pablo, pero con escasa puntería.
Llegó el empate en una jugada a balón parado, con despiste incluido de la zaga rojiblanca en los marcajes. Tras dos remates, el vallisoletano Nivaldo, libre de vigilancia, cabeceó en el borde del área de portería, sin que Juan Pablo pudiera hacer nada para evitar la igualada. La jugada fue irregular y ampliamente protestada por los rojiblancos, ya que el primer remate de Arzo se produjo en una posición antirreglamentaria de fuera de juego.
El último cuarto de hora fue de mayor control local, con una nerviosa defensa de los sportinguistas, que tampoco tenían demasiada precisión en los metros finales. Las asistencias hacia Barral se encontraban siempre con Arzo y Nivaldo, sin posibilidad de inquietar realmente a Justo Villar. Tampoco las bandas se dejaban ver y el juego ofensivo en general resultaba excesivamente descoordinado. El terreno de juego parecía resultar peor enemigo que el Valladolid para los discípulos de Preciado.
El segundo período tuvo un inicio prometedor, con ocasiones claras para que los gijoneses se hubieran adelantado nuevamente en el marcador. El hielo del área pucelana en este período fue el principal salvador de los de Mendilíbar. Luis Morán dispuso de la primera oportunidad, pero no pudo rematar un servicio de Diego Castro. El luanquín no pudo sostenerse de pie. El mismo jugador probó fortuna al minuto siguiente, pero Villar despejó su disparo, después de otro de De las Cuevas. En este rosario de infortunios, llegó otra oportunidad, en una inmejorable situación, pero Diego Castro se vio impotente para rematar un servicio lateral.
Para colmo de la mala suerte, cuando se cumplía el primer cuarto de hora de la reanudación, una espectacular colada de Diego Castro estuvo a punto de ser rematada por Míchel, en la línea de portería, pero Arzo se anticipó para despejar lo que ya parecía un gol cantado.
A partir de esa jugada, el Valladolid despertó y empezó a montar esporádicos contraataques con un estilo práctico. El Sporting intentaba jugar el balón, pero el estado del césped le creaba demasiados problemas para poder finalizar las jugadas. El conjunto castellano, por contra, le daba al juego un sentido menos complicado, con despejes largos para aprovechar las indecisiones de Gregory y Botía.
De esta manera comenzaron a llegar las oportunidades de remate de los vallisoletanos, aunque, afortunadamente para el meta Juan Pablo, lo hicieron con el punto de mira desviado.
Manuel Preciado trató de encontrar alternativas al juego ofensivo de sus hombres. Barral había pasado inadvertido hasta entonces y el técnico de El Astillero dio entrada a Maldonado en su lugar, sin variantes en el dibujo táctico. Pero el cambio no mejoró nada a los rojiblancos.
Cambio de piezas
El duelo de Zorrilla mantenía un desarrollo con un cierto equilibrio ya que las contras pucelanas tampoco dejaban patente que no tenían las ideas claras a la hora de finalizar. Preciado buscó reforzar la parcela central con el cambio de Matabuena por Diego Castro, trasladó a De las Cuevas a la banda izquierda y situó un trivote en el centro del campo.
En los últimos compases del encuentro, los rojiblancos aumentaron su ambición al ver posibilidades de llevarse los tres puntos, pero, al mismo tiempo, asumieron excesivos riesgos. Al Valladolid le bastaron dos contraataques para cerrar el partido. En el primero, Bueno lanzó al primer anfiteatro un buen servicio de Diego Costa. Pero, en el segundo, Medunjanin, que había suplido a un irregular Canobbio, no falló ante la descompensada zaga rojiblanca.
El partido puede resumirse con una idea: el Sporting sufrió una derrota inmerecida en un partido en el que asumió demasiados riesgos por querer ganarlo y sin acierto para haber resuelto las acciones más claras. Falta de fortuna y también de puntería, pero sobre todo, los errores de precisión en la retaguardia pesaron en exceso, con una delantera que no estuvo a la altura de las circunstancias.
Fue un mal cierre de 2009 para el conjunto de Manuel Preciado. Ahora queda solucionarlo en enero de 2010.
MANUEL ROSETY
La plantilla sportinguista visita Cabueñes
Los futbolistas realizaron la tradicional visita al hospital gijonés, aprovechando para entregar unod detalles a los niños hospitalizados.Cumpliendo la tradición, la plantilla rojiblanca acudió al completo al Hospital de Cabueñes para entregar los juguetes a los niños hospitalizados en el centro. La planta de pediatría alegró su cara para recibir a los jugadores del Sporting, que mostraron su lado más solidario como cada año por estas fechas.
El único que faltó fue Bilic, que ya está en su país con permiso del club por motivos personales. El pasado martes, José Ángel y Canella recogieron los regalos en El Corte Inglés, mientras que hoy han repartido los regalos en el Hospital de Cabueñes. Es el último acto de una semana con muchos compromisos.
«Tuvimos ocasiones claras, pero no fue nuestro día»
«Ahora mismo estoy cabreado», reconocía David Barral nada más acabar el partido ante el Sevilla. No en vano, la de ayer fue la primera derrota del Sporting en esta temporada en El Molinón. Los rojiblancos no caían en su feudo desde el pasado 23 de abril. «Alguna vez tenía que pasar», se lamentaba el gaditano, que precisaba que el equipo «dio una buena imagen ante un grande como es el Sevilla».«Tuvimos ocasiones claras, aunque no fue nuestro día», incidía el delantero, quien trataba de quedarse con lo positivo: «Trabajamos bien y aunque ahora estoy enfadado, dentro de unos días estaremos más contentos al ver el trabajo que hicimos». También se acordaba de las ocasiones falladas por el equipo y en especial de una que se le fue hacia el lateral.
«Fue una pena, no la cogí bien y no le pudo pegar con fuerza», se explicaba el gaditano, quien añadía que «ocasiones como esa se tienen pocas veces», aunque Barral intentaba mirar ya hacia el próximo partido: «Hay que prepararnos para Valladolid».
Su compañero de filas Pedro apuntaba que el de ayer fue un partido «bastante disputado» y que en su opinión el resultado más justo hubiera sido un empate. Pero, matizaba, «el Sevilla tiene mucha calidad arriba y a una ocasión que tuvieron...». También defendía Pedro que su equipo dispuso de «oportunidades claras», aunque, incidía, «con equipos con tanta pegada como el Sevilla no se puede descuidar uno».
Alberto Lora también coincidía en que el Sevilla era «un rival bastante difícil». Pero, decía, «nosotros hicimos cosas para poder ganar, pero aprovecharon su ocasión y nos metieron un gol». Y, apostillaba, «no recuerdo más ocasiones por parte de ellos». «El Sevilla tiene muy buen equipo, pero tampoco ha demostrado una superioridad muy grande», añadía el defensa, que precisó que «nosotros tuvimos cuatro o cinco».
«Hay que estar tranquilos»
«El vestuario lógicamente está fastidiado porque llegábamos con ilusión de jugar ante un rival como el Sevilla, pero sabíamos que podía llegar este momento», explicaba Lora al término del encuentro, al tiempo que hacía un llamamiento a la calma. «Tenemos que estar tranquilos, no volvernos locos y preparar el siguiente partido».
«El Valladolid va a luchar por la permanencia como nosotros y será muy importante lograr una victoria en su campo», comentó el madrileño.
Cuestión de acierto
El Sporting despidió el año en El Molinón con una derrota ante el Sevilla y un partido irregular que sirvió para romper su racha de imbatibilidad que mantenía desde el principio de temporada. Un tempranero gol de Kanouté fue determinante para que los tres puntos en juego se escaparan rumbo a la vieja Hispalis.Manuel Preciado dio entrada al 'once' inicial que había ensayado en la última sesión de la semana. No lo hizo así Manolo Jiménez, que ofreció algunas sorpresas al situar a Adriano como lateral derecho para utilizar a Konko como central. Además, el técnico sevillano situó en la vanguardia a Koné por delante de Romaric, dejando a Renato y Negredo, inicialmente, en el banquillo.
El partido de El Molinón tuvo un fuerte ritmo en sus inicios. El Sporting buscó pronto acercarse a la portería de Palop. Y, de hecho, suyas fueron las primeras ocasiones para marcar. De las Cuevas lanzó un precioso disparo cruzado, tras un desvío de Pedro, que obligó al meta andaluz a lucirse. En la siguiente acción, el central Gregory estuvo a punto de adelantar a los gijoneses, pero Miguel Ángel Pérez Lasa había señalado una falta previa de Barral. El colegiado vasco pronto empezó a asumir un absurdo protagonismo.
El Sevilla intentó estirar sus líneas para alejar el balón de su portería. Además, pronto resolvió la situación en una falta lanzada por Zokora a la zona de Navas, que hizo una pared con Kanouté, para que el africano concluyera la jugada en gol ante la sorprendida zaga rojiblanca. En una simple jugada, el encuentro experimentó un giro sensible.
A partir de la diana de Kanouté, el conjunto sevillano asumió el papel de mando con cierta tranquilidad, mientras que el Sporting acusó el golpe. Pudo apuntillar el resultado Navas cuatro minutos después al recoger un rechace del meta Juan Pablo, pero Gregory salvó bajo palos.
Los hombres de Preciado estaban desorientados. No encontraban espacios libres y tenían excesivas dificultades ante la presión de los sevillanos. El técnico Jiménez se vio obligado a introducir una variación en el equipo por la lesión de Adriano. Entró Marc Valiente y Konko pasó al lateral derecho. Esta fase del juego coincidió además con la de mayores imprecisiones del colegiado Pérez Lasa, que hizo gala de un rasero diferente para los locales que para los visitantes, lo que desesperó a la grada de El Molinón.
El Sporting trataba de reponerse, pero con las ideas bastantes ofuscadas a la hora de buscar opciones de verdadero remate. Los rojiblancos, no obstante, pudieron empatar el encuentro, pero el guardameta Palop desvió a córner un potente disparo envenenado de José Ángel, tras una falta ensayada, y Diego Castro no pudo culminar una jugada en la que salió trompicado, pese a tener ventaja sobre unos zagueros visitantes que habían perdido la posición.
Tras el cambio de Adriano y el trastoque de puestos que originó en la zaga sevillista, el equipo de Jiménez no daba la impresión de mostrarse tan firme. El Sporting intentaba mantener el esférico y abrir el juego por las alas, pero las imprecisiones se sucedían ante un rival respaldado por la tranquilidad que le daba su ventaja en el marcador.
Tras el paso por los vestuarios, el segundo tiempo comenzó con cierto equilibrio, pero el Sevilla, con el gol en el bolsillo, manejaba con cierta soltura el encuentro ante un rival que se perdía, y mucho, en las prisas por intentar sorprender cuanto antes al guardameta Palop.
Los sevillanos jugaban de forma más práctica, pero apenas elaboraban jugadas para llegar a los dominios de Juan Pablo. El ataque de los hombres de Jiménez era más bien disperso e individualista ya que el técnico andaluz daba preferencia a conservar su portal intacto.
Las mejores ocasiones para alojar el balón en el fondo de la red llevaron, de nuevo, el sello de los gijoneses, que, no obstante, hicieron gala de una total falta de acierto. Cumplido el cuarto de hora, la ocasión fue de Barral, pero al delantero gaditano, que tenía a Diego Castro desmarcado, se le nubló la vista y resolvió sin demasiada convicción con un disparo sin peligro.
Manuel Preciado buscó alternativas. Cambió las bandas. Retiró a Pedro y Diego Castro para situar a Maldonado en la banda derecha y a Carmelo como mediapunta, trasladando a De las Cuevas a la izquierda. Estas novedades coincidieron con la aparición de una lluvia torrencial sobre El Molinón, que, paradójicamente, espoleó a los sportinguistas.
El técnico visitante, por su parte, trató de frenar el ritmo del encuentro con nuevos cambios. Jiménez dio entrada a Renato y quitó a Kanouté, lo que dejó a Negredo, que anteriormente había sustituido a Koné, como única referencia de remate.
En esta fase del partido de El Molinón volvió a emerger la figura de Pérez Lasa, demasiado meticuloso, que se olvidó de su función principal en varias ocasiones para lanzar provocativas miradas al banquillo.
Ocasiones de Barral
Los gijoneses dispusieron de una doble ocasión para igualar el marcador, pero Barral lanzó fuera la mejor oportunidad de todo el encuentro y Maldonado, en el colmo del infortunio, estrelló el balón en un defensa en otra jugada de gol.
Así las cosas, el técnico de El Astillero decidió a arriesgar a tope en los últimos minutos con su apuesta por Kike Mateo, que sustituyó a Míchel, para buscar un mayor poderío atacante. Sin embargo, la férrea defensa sevillana mantuvo el control del partido e hizo inútiles los esfuerzos rojiblancos por tratar de inquietar a Palop. Las prisas pesaban demasiado a los hombres de Preciado, que no encontraban la forma de romper la defensa del Sevilla.
El Sporting fue en este segundo tiempo un equipo demasiado desdibujado, en el que primó más el empuje y el entusiasmo que el acierto para encauzar el juego, aunque en la zona de retaguardia se buscaba más trenzar jugadas con exceso de juego horizontal, con parsimonia, a la hora de lograr profundidad a su juego. El desgaste de los gijoneses resultaba demasiado inútil para su esfuerzo.
El Sevilla ganó en El Molinón porque aprovechó el acierto inicial de Kanouté y porque luego supo cómo llevar el control del juego. Aunque, por entusiasmo y empuje, los rojiblancos pudieron haber sumado un punto. Pero les peso demasiado el tanto recibido.
«No es necesario que venga otro delantero centro»
David Barral espera que «Bilic se recupere pronto», pero no precisa más competencia. El gaditano advirtió ayer, al término del entrenamiento en Mareo, que «no es necesario que venga otro delantero centro», aunque, puntualizó, «mientras me ponga el entrenador, lo demás me da igual».
El delantero andaluz dio la impresión de sentirse extrañado por las preguntas sobre un hipotético refuerzo para su puesto: «¡Cómo voy a querer a alguien!», antes de puntualizar que «si fuera por el bien del club, ficharía a Cristiano, pero eso no depende de mí». Barral comentó que la posible llegada de otro atacante «no nos conviene»; recordó que «hay jugadores en el filial en los que hay que confiar»; hizo hincapié en que «en el equipo no se registra una falta de gol que pueda ser alarmante, y matizó que «la lesión de Bilic será para tres partidos».
El gaditano manifestó que «voy a intentar hacerlo bien mientras se recupera Bilic para que todo vuelva a la normalidad». No sabe «si jugaré los 90 minutos de cada partido, pero lo que más importa es que el equipo tenga una buena actitud». En el caso del encuentro del domingo, recuerda que «tendremos enfrente un rival de Champions y deberemos poner los cinco sentidos para poder ganar».
Aunque sea el único delantero específico, Barral indicó que «no meter la pierna con decisión no me lo dijo el míster, aunque lo pensé yo, pero no voy a dejar de hacerlo porque ahora sea el único». Asimismo, señaló que «espero aprovechar todo lo que juegue y marcar goles, aunque a veces no se puede. Pero estoy tranquilo y pensando sólo en la visita del Sevilla». Asimismo, añadió que «estoy preparado para jugar los 90 minutos en cada partido».
«Ayudar en todo lo posible»
El objetivo de Barral es «ayudar en todo lo posible al equipo» en una temporada en la que la efectividad de los atacantes es menor que la anterior. En su caso, considera que «veo menos puerta, pero estoy contento porque la puntuación del equipo es buena». También explica que el menor coeficiente de efectividad se debe a que «lo que queremos es que el equipo llegue a lo más alto y una de las formas es ayudar defensivamente».
Ante la visita del Sevilla, Barral tuvo palabras de elogio para Negredo, que «fue compañero mío una temporada en el Castilla». El gaditano comentó que «es un buen chico, un buen futbolista y le tengo mucho aprecio», y lo definió como un futbolista que «cuenta con un buen remate y es potente en su juego», por lo que recomienda que «hay que tener mucho cuidado con sus movimientos».
El andaluz confía en que el Sevilla «acuse el esfuerzo de la Champions, porque, siempre que se juega un miércoles, el domingo se nota», aunque subrayó que los hispalenses «son un buen equipo, fuerte en la delantera, con unas bandas muy peligrosas y rápidas». Barral no se fía de los dos últimos empates ligueros en su campo ya que «fueron dos partidos en los que tuvo mala suerte y muchas ocasiones de gol».
El delantero andaluz dio la impresión de sentirse extrañado por las preguntas sobre un hipotético refuerzo para su puesto: «¡Cómo voy a querer a alguien!», antes de puntualizar que «si fuera por el bien del club, ficharía a Cristiano, pero eso no depende de mí». Barral comentó que la posible llegada de otro atacante «no nos conviene»; recordó que «hay jugadores en el filial en los que hay que confiar»; hizo hincapié en que «en el equipo no se registra una falta de gol que pueda ser alarmante, y matizó que «la lesión de Bilic será para tres partidos».
El gaditano manifestó que «voy a intentar hacerlo bien mientras se recupera Bilic para que todo vuelva a la normalidad». No sabe «si jugaré los 90 minutos de cada partido, pero lo que más importa es que el equipo tenga una buena actitud». En el caso del encuentro del domingo, recuerda que «tendremos enfrente un rival de Champions y deberemos poner los cinco sentidos para poder ganar».
Aunque sea el único delantero específico, Barral indicó que «no meter la pierna con decisión no me lo dijo el míster, aunque lo pensé yo, pero no voy a dejar de hacerlo porque ahora sea el único». Asimismo, señaló que «espero aprovechar todo lo que juegue y marcar goles, aunque a veces no se puede. Pero estoy tranquilo y pensando sólo en la visita del Sevilla». Asimismo, añadió que «estoy preparado para jugar los 90 minutos en cada partido».
«Ayudar en todo lo posible»
El objetivo de Barral es «ayudar en todo lo posible al equipo» en una temporada en la que la efectividad de los atacantes es menor que la anterior. En su caso, considera que «veo menos puerta, pero estoy contento porque la puntuación del equipo es buena». También explica que el menor coeficiente de efectividad se debe a que «lo que queremos es que el equipo llegue a lo más alto y una de las formas es ayudar defensivamente».
Ante la visita del Sevilla, Barral tuvo palabras de elogio para Negredo, que «fue compañero mío una temporada en el Castilla». El gaditano comentó que «es un buen chico, un buen futbolista y le tengo mucho aprecio», y lo definió como un futbolista que «cuenta con un buen remate y es potente en su juego», por lo que recomienda que «hay que tener mucho cuidado con sus movimientos».
El andaluz confía en que el Sevilla «acuse el esfuerzo de la Champions, porque, siempre que se juega un miércoles, el domingo se nota», aunque subrayó que los hispalenses «son un buen equipo, fuerte en la delantera, con unas bandas muy peligrosas y rápidas». Barral no se fía de los dos últimos empates ligueros en su campo ya que «fueron dos partidos en los que tuvo mala suerte y muchas ocasiones de gol».
Mal partido del Sporting en Tenerife
El Sporting perdió ayer un partido en el que lo tuvo todo para haber ganado en el Heliodoro y puso fin a una excelente racha de siete partidos sin conocer la derrota. El infortunio de un disparo sin aparente peligro, el vendaval tinerfeñista que llegó poco después y la 'pájara' rojiblanca de la segunda mitad pesaron demasiado en el desarrollo del encuentro.
Preciado afrontó el encuentro con la alineación prevista durante la semana, con Míchel y Luis Morán en el equipo inicial. En el bando local, José Luis Oltra utilizó a Juanlu y Héctor como laterales circunstanciales para cubrir las ausencias de lesionados y sancionados.
El partido, como estaba previsto, tuvo un ritmo alto y vibrante en sus inicios. El Tenerife apretó desde que el balón comenzó a rodar y a los dos minutos tuvo su primera gran oportunidad en un peligroso cabezazo de Sicilia que se estrelló en el larguero de la portería gijonesa. La manopla de Juan Pablo también contribuyó a que el balón no entrara. Y en la siguiente jugada, en una rápida contra de los rojiblancos, llegaría el gol de Diego Castro. Miguel de las Cuevas prolongó hacia la posición del pontevedrés, quien se preparó el balón con la izquierda y cruzó con la derecha sin que Sergio Aragoneses pudiera hacer nada para evitar el tanto.
El Tenerife aumentó su presión con el marcador en contra. Los rojiblancos se cerraban bien, pero cometían el error de perder con demasiada facilidad el control del balón. A eso contribuía la fuerte presión que ejercían los jugadores isleños.
Pero con el marcador a favor, al Sporting le venía bien el desarrollo del partido. Los rojiblancos defendían con seguridad y salían con velocidad al contraataque, las dos principales señas de identidad que le ha inculcado Preciado a su equipo. Quizás el único inconveniente con el que se encontraban los rojiblancos era la dureza de los zagueros locales, con permiso del berciano José Luis González, excesivamente blando con la defensa tinerfeñista.
Las ocasiones de mayor peligro en esta fase fueron de los gijoneses, como un centro de Roberto Canella desde la izquierda que intentó cabecear Bilic, con anticipación de Manolo Martínez para desviar a córner.
De las Cuevas fue el que más acusó las patadas de Sicilia. El alicantino tuvo que ser atendido en dos ocasiones y en la segunda pidió el relevo. Precisamente, en esa misma jugada, el Tenerife tiró por tierra el 'fair play', ya que el balón desviado por los gijoneses fuera del césped para que De las Cuevas fuera atendido no tuvo la cortesía de la devolución. Sucedió en dos ocasiones.
El equipo local se quedó sin técnico mediada la primera mitad. González González, a instancias del cuarto árbitro, expulsó a José Luis Oltra por sus reiteradas protestas.
Doble infortunio
Con el preparador valenciano ya en la grada, el Tenerife lo intentó de todas las maneras posibles. Intercambió a Kome y Omar de banda, retrasó a Nino y adelantó la posición de Alfaro, pero los centrales rojiblancos estaban insuperables. El único 'pero' al juego de los de Preciado eran las constantes pérdidas de balón y la falta de consistencia para frenar la presión tinerfeñista, sin serenidad para controlar mejor la pelota y dominar las jugadas de ataque.
Tras el descanso se sucedieron los infortunios en el bando gijonés. A los dos minutos de la reanudación, Bilic notó una lesión muscular tras una arrancada que, después de ratificar sus malas sensaciones con otra carrera, obligó a Preciado a sustituirle. El gesto del croata, que será sometido a un análisis por los servicios médicos para valorar la gravedad de la lesión, fue preocupante. La entrada de Barral por Bilic coincidió con un fuerte arranque del equipo local que empezó a encerrar a los rojiblancos en su parcela, aunque sin acciones de peligro para la portería de Juan Pablo.
Y, cuando menos se esperaba, llegó el gol del empate. Un disparo lejano de Ricardo, sin aparente peligro, se envenenó al tocar en Rivera y despistar a Juan Pablo, quien sólo pudo rozarlo.
A partir de ese momento, sólo existió el Tenerife en el césped del Heliodoro. El Sporting, asediado por los locales, cometía bastantes errores por indecisiones defensivas. El centro del campo se mostraba dubitativo y despistado por momentos. Rivera empezaba a mostrar algunas imprecisiones en el pase y Míchel perdía la posición ante el empuje de Mikel Alonso y Ricardo.
Nino, la pesadilla
El equipo gijonés daba sensación de cansancio, mientras que los locales se convertían en una auténtica avalancha. Oltra reforzó el ataque con la presencia de Ángel en lugar de Kome. El recién incorporado ocupó una posición de enganche y Alfaro pasó a la derecha.
El partido entró en una fase de revolución local en la que el equipo de Preciado estaba perdido y sin rumbo. El segundo gol llegó después de varios rechaces, con un desplazamiento a Nino, la «pesadilla» de Preciado, quien, casi sin ángulo, resolvió la jugada con la que adelantaba a su equipo en el marcador tras rozar el esférico, otra vez, en el cuerpo de Alberto Rivera.
Preciado buscó alternativas en el banquillo con la entrada de 'Tati' Maldonado por Luis Morán en la banda derecha. Paralelamente, el banquillo local retiró al joven Omar para dar entrada a Ayoze sin modificaciones posicionales. El Sporting lo intentó, pero con escasa fuerza y sin ideas combinativas. La delantera rojiblanca estaba demasiado desdibujada, faltaba sentido de la compenetración y Sergio Aragoneses gozaba de varios minutos de tranquilidad y escasa actividad porque el partido se jugaba en otra zona del campo.
En el tiempo de prolongación, Ángel, que recorrió varios metros en solitario, tuvo una buena oportunidad en un contraataque en el que los centrales rojiblancos lograron rehacerse y el delantero cruzó en exceso ante la salida de Juan Pablo.
No hay ningún 'pero' que poner a la primera derrota de los rojiblancos en ocho jornadas. El Tenerife ganó porque hizo más méritos y ayer, por lo menos, fue mejor.
Preciado afrontó el encuentro con la alineación prevista durante la semana, con Míchel y Luis Morán en el equipo inicial. En el bando local, José Luis Oltra utilizó a Juanlu y Héctor como laterales circunstanciales para cubrir las ausencias de lesionados y sancionados.
El partido, como estaba previsto, tuvo un ritmo alto y vibrante en sus inicios. El Tenerife apretó desde que el balón comenzó a rodar y a los dos minutos tuvo su primera gran oportunidad en un peligroso cabezazo de Sicilia que se estrelló en el larguero de la portería gijonesa. La manopla de Juan Pablo también contribuyó a que el balón no entrara. Y en la siguiente jugada, en una rápida contra de los rojiblancos, llegaría el gol de Diego Castro. Miguel de las Cuevas prolongó hacia la posición del pontevedrés, quien se preparó el balón con la izquierda y cruzó con la derecha sin que Sergio Aragoneses pudiera hacer nada para evitar el tanto.
El Tenerife aumentó su presión con el marcador en contra. Los rojiblancos se cerraban bien, pero cometían el error de perder con demasiada facilidad el control del balón. A eso contribuía la fuerte presión que ejercían los jugadores isleños.
Pero con el marcador a favor, al Sporting le venía bien el desarrollo del partido. Los rojiblancos defendían con seguridad y salían con velocidad al contraataque, las dos principales señas de identidad que le ha inculcado Preciado a su equipo. Quizás el único inconveniente con el que se encontraban los rojiblancos era la dureza de los zagueros locales, con permiso del berciano José Luis González, excesivamente blando con la defensa tinerfeñista.
Las ocasiones de mayor peligro en esta fase fueron de los gijoneses, como un centro de Roberto Canella desde la izquierda que intentó cabecear Bilic, con anticipación de Manolo Martínez para desviar a córner.
De las Cuevas fue el que más acusó las patadas de Sicilia. El alicantino tuvo que ser atendido en dos ocasiones y en la segunda pidió el relevo. Precisamente, en esa misma jugada, el Tenerife tiró por tierra el 'fair play', ya que el balón desviado por los gijoneses fuera del césped para que De las Cuevas fuera atendido no tuvo la cortesía de la devolución. Sucedió en dos ocasiones.
El equipo local se quedó sin técnico mediada la primera mitad. González González, a instancias del cuarto árbitro, expulsó a José Luis Oltra por sus reiteradas protestas.
Doble infortunio
Con el preparador valenciano ya en la grada, el Tenerife lo intentó de todas las maneras posibles. Intercambió a Kome y Omar de banda, retrasó a Nino y adelantó la posición de Alfaro, pero los centrales rojiblancos estaban insuperables. El único 'pero' al juego de los de Preciado eran las constantes pérdidas de balón y la falta de consistencia para frenar la presión tinerfeñista, sin serenidad para controlar mejor la pelota y dominar las jugadas de ataque.
Tras el descanso se sucedieron los infortunios en el bando gijonés. A los dos minutos de la reanudación, Bilic notó una lesión muscular tras una arrancada que, después de ratificar sus malas sensaciones con otra carrera, obligó a Preciado a sustituirle. El gesto del croata, que será sometido a un análisis por los servicios médicos para valorar la gravedad de la lesión, fue preocupante. La entrada de Barral por Bilic coincidió con un fuerte arranque del equipo local que empezó a encerrar a los rojiblancos en su parcela, aunque sin acciones de peligro para la portería de Juan Pablo.
Y, cuando menos se esperaba, llegó el gol del empate. Un disparo lejano de Ricardo, sin aparente peligro, se envenenó al tocar en Rivera y despistar a Juan Pablo, quien sólo pudo rozarlo.
A partir de ese momento, sólo existió el Tenerife en el césped del Heliodoro. El Sporting, asediado por los locales, cometía bastantes errores por indecisiones defensivas. El centro del campo se mostraba dubitativo y despistado por momentos. Rivera empezaba a mostrar algunas imprecisiones en el pase y Míchel perdía la posición ante el empuje de Mikel Alonso y Ricardo.
Nino, la pesadilla
El equipo gijonés daba sensación de cansancio, mientras que los locales se convertían en una auténtica avalancha. Oltra reforzó el ataque con la presencia de Ángel en lugar de Kome. El recién incorporado ocupó una posición de enganche y Alfaro pasó a la derecha.
El partido entró en una fase de revolución local en la que el equipo de Preciado estaba perdido y sin rumbo. El segundo gol llegó después de varios rechaces, con un desplazamiento a Nino, la «pesadilla» de Preciado, quien, casi sin ángulo, resolvió la jugada con la que adelantaba a su equipo en el marcador tras rozar el esférico, otra vez, en el cuerpo de Alberto Rivera.
Preciado buscó alternativas en el banquillo con la entrada de 'Tati' Maldonado por Luis Morán en la banda derecha. Paralelamente, el banquillo local retiró al joven Omar para dar entrada a Ayoze sin modificaciones posicionales. El Sporting lo intentó, pero con escasa fuerza y sin ideas combinativas. La delantera rojiblanca estaba demasiado desdibujada, faltaba sentido de la compenetración y Sergio Aragoneses gozaba de varios minutos de tranquilidad y escasa actividad porque el partido se jugaba en otra zona del campo.
En el tiempo de prolongación, Ángel, que recorrió varios metros en solitario, tuvo una buena oportunidad en un contraataque en el que los centrales rojiblancos lograron rehacerse y el delantero cruzó en exceso ante la salida de Juan Pablo.
No hay ningún 'pero' que poner a la primera derrota de los rojiblancos en ocho jornadas. El Tenerife ganó porque hizo más méritos y ayer, por lo menos, fue mejor.
El Sporting vence al Villarreal por la mínima
Si algo queda claro en el Sporting es su mejoría esta temporada. El séptimo puesto no es casualidad. Es fruto de su seguridad en casa, de ser uno de los equipos menos goleados, de su sobriedad en su fútbol y del aprovechamiento de sus mejores virtudes. Este Sporting está a un punto de Europa, y eso ya no es una casualidad.Los rojiblancos son el equipo revelación de esta Liga, y los 20 puntos son su mejor trofeo. El año pasado tenía cinco puntos menos después de las mismas jornadas, pero este año las sensaciones y los números son muy diferentes. No es cuestión de cambiar el objetivo, porque en el vestuario nadie quiere contagiarse de la euforia, porque el objetivo real, la salvación, está ahora más lejos que nunca. La victoria ante el Villarreal coloca la Segunda División a 13 puntos, a falta de lo que suceda en el resto de la jornada.
El Sporting tiene ahora un calendario que le enfrenta a equipos de su mismo nivel. De los grandes, deberá recibir al Sevilla y visitar al Atlético de Madrid antes de finalizar la primera vuelta, al margen de viajar a Valladolid o recibir al Málaga o al Getafe. Los rojiblancos quieren sumar la mayor cantidad de puntos antes de comenzar la segunda vuelta en El Molinón ante el Barcelona.



