Hizo falta todo el aliento de las más de siete mil gargantas sportinguistas que ayer se resquebrajaron en la grada de Riazor para despertar al Sporting. Tras un primer tiempo deslavazado y como atontado, los rojiblancos firmaron una segunda parte primorosa en la que pudieron rebañarle los tres puntos al Deportivo de La Coruña. Bien es cierto que también pudieron volver sin nada, de no ser por el imán que anoche ejercieron los palos sobre los remates de Riki. El balance es bueno y el Sporting regresa de La Coruña con otro punto en el zurrón y una sonrisa dibujada en la cara. El empate ante un estimable Deportivo deja el regusto dulce de las victorias merecidas y confirma la transformación de un equipo que ha ganado empaque sin perder la frescura.Y eso que los primeros síntomas no fueron buenos. El ambiente que se vivía en la grada, teñida de rojiblanco desde muchísimo antes de que los jugadores saltasen a calentar, pesó en cierta medida sobre los futbolistas del Sporting. Los hombres de Preciado quisieron regalarle una victoria a esta afición que sigue asombrando a España y cayeron en la precipitación. En un primer tiempo trepidante, al Sporting se le escurría el partido entre los dedos.
Fue necesaria la pausa del entreacto para tomarse un momento de reflexión. A partir de ahí, el Sporting sí se pareció a sí mismo. Siguió corriendo mucho, pero ahora con criterio. Y desbordó por todos lados a un rival al que había madurado durante el primer acto. El Deportivo aceptó el pulso trepidante que le propuso el Sporting, pero acabó desfondado por la falta de costumbre. Así llegó el empate y pudo venir algún gol más. Quizá tampoco hubiese sido justo en el cómputo global del encuentro. El empate deja más felices a los rojiblancos que a un Deportivo al que se le atraganta el Sporting, pero la historia pudo ser bien distinta si los gallegos hubiesen afinado su puntería.
A pesar del enorme calor que desprendía una grada poblada en gran parte por camisetas rojiblancas, el Sporting dio desde muy pronto síntomas preocupantes en el primer período. Algo flotaba en el ambiente, que no transmitía buenas sensaciones para la Mareona, que siguió animando incluso en los peores momentos. Y eso que el partido arrancó con un ritmo alocado, muy del agrado de Preciado y sus futbolistas. El Deportivo dejó que el Sporting escogiese las armas, pero le ganó el duelo. Los de Lotina corrieron más y mejor, dieron mucha más sensación de peligro y apenas si sufrieron un par de arañazos en defensa. Y, encima, se reservaron su mejor arma hasta que encontraron la ocasión propicia. Tras fallar un par de contragolpes tan eléctricos como mal rematados, estaba claro que el gol coruñés llegaría a balón parado o no llegaría. Pero la ocasión llegó, un poquito antes del descanso.
Para cocinar la jugada que Lassad remachó a la red fueron necesarios varios ingredientes. Primero, que Pérez Burrull señalase una falta más que dudosa en el centro del campo. También fue importante la picardía de Sergio, quien, pasito a pasito, adelantó el balón más de cinco metros sin que nadie le discutiese la posición. Pero el toque de gracia lo dio Preciado, con su extraña manía de situar a Lora cubriendo a los mejores rematadores del equipo rival en las jugadas a balón parado. Lo hizo con Sergio Ramos y con Abel Aguilar, y ayer le tocó a Juan Rodríguez. El cabezazo del centrocampista lo repelió el larguero, pero el tunecino Lassad fue el más vivo para aprovechar el rechace.
Antes de eso, el Deportivo ya había tenido varias ocasiones claras. El primer susto llegó antes siquiera de coger ritmo, cuando Riki sufrió una lipotimia en el área del Sporting al verse encimado por Gregory y Juan Pablo. Pérez Burrull no pico. Poco después, el cántabro no vio un control con la mano de Riki, que se giró y, a la media vuelta, estampó un zurdazo en el larguero de la portería de Juan Pablo. Éstas fueron las más claras, pero lo cierto es que durante todo el primer tiempo la sensación de peligro sobrevoló el área de Juan Pablo. El Sporting no daba noticias en ataque, salvó un par de escaramuzas mal resueltas por Miguel de las Cuevas.
El descanso fue providencial para el Sporting. El Deportivo quiso administrar la ventaja como lo había hecho en otras ocasiones, pero subestimó al rival. El Sporting no es un equipo al que se pueda adormecer y menos cuando a Diego Castro le llega la inspiración. El interior gallego firmó un segundo tiempo de nivel. A las primeras de cambio, ya dispuso de una ocasión para haber empatado, pero su remate con rosca se marchó lamiendo la escuadra de Aranzubía.
El Sporting apretó el paso y las ocasiones se fueron sucediendo. Primero un cabezazo de Barral que blocó Aranzubía con seguridad y después una ocasión desperdiciada por Miguel de las Cuevas, que ayer tenía el día fallón. El alicantino recogió un balón suelto en un córner y, con todo a favor, lo mandó fuera. Como los jugadores de talento suelen redimirse en las grandes ocasiones, Miguel de las Cuevas no tardaría en hacerlo inventándose la jugada del empate.
El alicantino recibió un balón en la línea de tres cuartos y paró el tiempo. Lo justo para el desmarque de Diego Castro. Asistencia primorosa, amago, Aranzubía sentado y gol a placer. Una belleza. El Deportivo reaccionó enrabietado y dio un último coletazo. A la salida de un córner, Riki, quién si no, conectó un cabezazo impecable que se fue al poste. Su rechace lo mandó a la red Lassad en claro fuera de juego.
Lo demás fue un quiero y no puedo de los locales, que embotellaron al Sporting a la tremenda. Los rojiblancos aún tuvieron otra buena ocasión en los pies de Diego Castro, pero esta vez Aranzubía respondió con una buena estirada para desbaratarla.
El Sporting de los empates sigue sumando y está un pasito más cerca de los 42 puntos, que siguen siendo el único objetivo realista de este equipo. El próximo domingo el Espanyol pondrá a prueba la solvencia de El Molinón, con el handicap de la ausencia de Barral. Hay motivos para la esperanza y el mejor es el juego del equipo
VICTOR RIVERA



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