Cuestión de acierto

Publicado por R. Hortal

El Sporting despidió el año en El Molinón con una derrota ante el Sevilla y un partido irregular que sirvió para romper su racha de imbatibilidad que mantenía desde el principio de temporada. Un tempranero gol de Kanouté fue determinante para que los tres puntos en juego se escaparan rumbo a la vieja Hispalis.
Manuel Preciado dio entrada al 'once' inicial que había ensayado en la última sesión de la semana. No lo hizo así Manolo Jiménez, que ofreció algunas sorpresas al situar a Adriano como lateral derecho para utilizar a Konko como central. Además, el técnico sevillano situó en la vanguardia a Koné por delante de Romaric, dejando a Renato y Negredo, inicialmente, en el banquillo.
El partido de El Molinón tuvo un fuerte ritmo en sus inicios. El Sporting buscó pronto acercarse a la portería de Palop. Y, de hecho, suyas fueron las primeras ocasiones para marcar. De las Cuevas lanzó un precioso disparo cruzado, tras un desvío de Pedro, que obligó al meta andaluz a lucirse. En la siguiente acción, el central Gregory estuvo a punto de adelantar a los gijoneses, pero Miguel Ángel Pérez Lasa había señalado una falta previa de Barral. El colegiado vasco pronto empezó a asumir un absurdo protagonismo.
El Sevilla intentó estirar sus líneas para alejar el balón de su portería. Además, pronto resolvió la situación en una falta lanzada por Zokora a la zona de Navas, que hizo una pared con Kanouté, para que el africano concluyera la jugada en gol ante la sorprendida zaga rojiblanca. En una simple jugada, el encuentro experimentó un giro sensible.
A partir de la diana de Kanouté, el conjunto sevillano asumió el papel de mando con cierta tranquilidad, mientras que el Sporting acusó el golpe. Pudo apuntillar el resultado Navas cuatro minutos después al recoger un rechace del meta Juan Pablo, pero Gregory salvó bajo palos.
Los hombres de Preciado estaban desorientados. No encontraban espacios libres y tenían excesivas dificultades ante la presión de los sevillanos. El técnico Jiménez se vio obligado a introducir una variación en el equipo por la lesión de Adriano. Entró Marc Valiente y Konko pasó al lateral derecho. Esta fase del juego coincidió además con la de mayores imprecisiones del colegiado Pérez Lasa, que hizo gala de un rasero diferente para los locales que para los visitantes, lo que desesperó a la grada de El Molinón.
El Sporting trataba de reponerse, pero con las ideas bastantes ofuscadas a la hora de buscar opciones de verdadero remate. Los rojiblancos, no obstante, pudieron empatar el encuentro, pero el guardameta Palop desvió a córner un potente disparo envenenado de José Ángel, tras una falta ensayada, y Diego Castro no pudo culminar una jugada en la que salió trompicado, pese a tener ventaja sobre unos zagueros visitantes que habían perdido la posición.
Tras el cambio de Adriano y el trastoque de puestos que originó en la zaga sevillista, el equipo de Jiménez no daba la impresión de mostrarse tan firme. El Sporting intentaba mantener el esférico y abrir el juego por las alas, pero las imprecisiones se sucedían ante un rival respaldado por la tranquilidad que le daba su ventaja en el marcador.
Tras el paso por los vestuarios, el segundo tiempo comenzó con cierto equilibrio, pero el Sevilla, con el gol en el bolsillo, manejaba con cierta soltura el encuentro ante un rival que se perdía, y mucho, en las prisas por intentar sorprender cuanto antes al guardameta Palop.
Los sevillanos jugaban de forma más práctica, pero apenas elaboraban jugadas para llegar a los dominios de Juan Pablo. El ataque de los hombres de Jiménez era más bien disperso e individualista ya que el técnico andaluz daba preferencia a conservar su portal intacto.
Las mejores ocasiones para alojar el balón en el fondo de la red llevaron, de nuevo, el sello de los gijoneses, que, no obstante, hicieron gala de una total falta de acierto. Cumplido el cuarto de hora, la ocasión fue de Barral, pero al delantero gaditano, que tenía a Diego Castro desmarcado, se le nubló la vista y resolvió sin demasiada convicción con un disparo sin peligro.
Manuel Preciado buscó alternativas. Cambió las bandas. Retiró a Pedro y Diego Castro para situar a Maldonado en la banda derecha y a Carmelo como mediapunta, trasladando a De las Cuevas a la izquierda. Estas novedades coincidieron con la aparición de una lluvia torrencial sobre El Molinón, que, paradójicamente, espoleó a los sportinguistas.
El técnico visitante, por su parte, trató de frenar el ritmo del encuentro con nuevos cambios. Jiménez dio entrada a Renato y quitó a Kanouté, lo que dejó a Negredo, que anteriormente había sustituido a Koné, como única referencia de remate.
En esta fase del partido de El Molinón volvió a emerger la figura de Pérez Lasa, demasiado meticuloso, que se olvidó de su función principal en varias ocasiones para lanzar provocativas miradas al banquillo.

Ocasiones de Barral

Los gijoneses dispusieron de una doble ocasión para igualar el marcador, pero Barral lanzó fuera la mejor oportunidad de todo el encuentro y Maldonado, en el colmo del infortunio, estrelló el balón en un defensa en otra jugada de gol.
Así las cosas, el técnico de El Astillero decidió a arriesgar a tope en los últimos minutos con su apuesta por Kike Mateo, que sustituyó a Míchel, para buscar un mayor poderío atacante. Sin embargo, la férrea defensa sevillana mantuvo el control del partido e hizo inútiles los esfuerzos rojiblancos por tratar de inquietar a Palop. Las prisas pesaban demasiado a los hombres de Preciado, que no encontraban la forma de romper la defensa del Sevilla.
El Sporting fue en este segundo tiempo un equipo demasiado desdibujado, en el que primó más el empuje y el entusiasmo que el acierto para encauzar el juego, aunque en la zona de retaguardia se buscaba más trenzar jugadas con exceso de juego horizontal, con parsimonia, a la hora de lograr profundidad a su juego. El desgaste de los gijoneses resultaba demasiado inútil para su esfuerzo.
El Sevilla ganó en El Molinón porque aprovechó el acierto inicial de Kanouté y porque luego supo cómo llevar el control del juego. Aunque, por entusiasmo y empuje, los rojiblancos pudieron haber sumado un punto. Pero les peso demasiado el tanto recibido.

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